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Caracas, una sola ciudad

Invitación al Foro: Caracas, desafíos para la construcción de la ciudad. Julio 2010.

Para continuar con el mes aniversario de los 455 años de la fundación de Caracas y siendo que esta entrada es la penúltima relativa al cumplimiento de la década de este blog, hoy les traigo la presentación en video de «Caracas, una sola ciudad» la cual desarrollé para el taller cerrado para periodistas organizado por la Comisión de Urbanismo del Cabildo Metropolitano de Caracas, en el año 2010, cuando trabajaba como asesor urbano para el Concejal Alejandro Vivas.

Posteriormente y a raiz de esta presentación fui invitada por la Alcaldía Metropolitana de Caracas en tiempos del Alcalde Antonio Ledezma para participar en el Foro «Caracas, desafíos para la construcción de la ciudad«, uno de los eventos programados para la celebración del 443 aniversario de la ciudad Caracas en el año 2010; arriba te dejé la invitación del evento.

Esta presentación está inspirada en los estudios que sobre el Insanche: una vuelta a la ciudad he realizado y que están esbozados en la entrada anterior, la cual publiqué aquí la semana pasada; si no la vistes, ahora puedes visitarla en cualquier momento.

Durante muchos años, el Insanche, ha ocupado y ocupa mi tiempo de pensamiento sobre las posibilidades que tiene Caracas para su desarrollo futuro, también fue el responsable de mi acercamiento a las autoridades metropolitanas ese año 2010.

En ambas oportunidades realicé las presentaciones apoyándome en un archivo Power Point, que te traigo a continuación convertido en un video que puntualiza las ideas-fuerza de una teoría de un posible rumbo para Caracas.

No pretendo someterte a una charla, no es la idea de este blog; sólo mostrarte las láminas que acompañaron ambas presentaciones. Ahora bien, como las mismas están sin voz decidí ponerles de acompañamiento un fondo musical y dejar que el video corriera solo. Escogí el Bolero de Maurice Ravel por su carácter repetitivo, continuado e in crescendo, como una especie de mantra, que se repite, repite y repite; y es que el Insanche, para mí, es también un mantra contínuo.

Presentación de Caracas, una sola ciudad, Vilma Obadía Benatar.

Como todo o casi todo el trabajo relativo a la ciudad lo he realizado con Enrique Larrañaga, mi socio integral (como él mismo dice) es sincero aclarar que ésta es como una presentación a 4 manos; pero además es justo reconocer que todos los collages son de su sola autoría.

Incontables días y noches hemos invertido juntos en pensamiento, discusión y trabajo a lo largo de muchos años, en los cuales hemos descubierto y aprendido juntos; y seguimos aprendiendo, por eso mi dedicatoria a él entre las páginas de este blog.

Esta presentación sin presentador dura casi 17 minutos que espero disfrutes y que, al igual que a muchos, te deje pensando en las posibilidades que tiene Caracas.

Si te agradó esta entrada puedes regalarme un me gusta y/o puedes dejarme un comentario en el casillero del blog, arriba y a la izquierda. Y así, sin más por los momentos, me despido con mi deseo de paz y nos vemos en la próxima entrada, la cuarta y última por ahora, dedicada al 455 aniversario de la ciudad de Caracas.

!Paz!

Insanche, una vuelta a la ciudad

Como parte de la programación para celebrar la década de ciudades.me y también para conmemorar el 455 aniversario de la fundación de Santiago de León de Caracas, coloquialmente conocida como Caracas, he decidido publicar el texto que presenté en el año 2.006, en el evento denominado «Caracas, ¿qué ciudad somos?» organizado por William Niño Araque para la Fundación Francisco Herrera Luque denominado Insanche, una vuelta a la ciudad, el cual, sin más preámbulos transcribo a continuación:

Portada del programa del evento Caracas ¿Qué ciudad somos?

Antes que nada quiero agradecer a la Francisco Fundación Herrera Luque y a sus organizadores su amable invitación, a ustedes por prestarme su audiencia y sobre todo a William Niño Araque por su persistente y obstinada fe en la propuesta que sobre Caracas esbocé en mayo del año 2002 en el marco del evento realizado por la Sala Mendoza, denominado «Caracas, contingencia, laboratorio de ciudad«. Para mi es un honor estar aquí y compartir con ustedes un conjunto de reflexiones que me llevan a proponer y a defender una visión propia para nuestra maltratada pero muy querida ciudad; ésa que todos vemos como una ciudad llena de problemas, una ciudad imposible, una ciudad sin futuro y sin compón; para mí es también, una ciudad llena de posibilidades, de soluciones, de propuestas y de ánimo. Caracas es una pasión. Una pasión que espero transmitir y en la atmósfera de aquella máxima que dice: «Si un problema tiene solución, no hay problema; pero si un problema no tiene solución, entonces tampoco hay problema«; los invito a ajustarnos un poco esos lentes que nos hacen ser: tan acuciosos con los problemas y tan desprendidos con las soluciones. ¡Comencemos!

Como arquitectos cada vez que diseñamos un edificio, cada vez que intervenimos un local o simplemente restauramos una esquina; estamos haciendo ciudad. En la escuela nos enseñan el oficio de hacer edificios, a hacerlos bien, es cierto; pero no nos aclaran que al mismo tiempo estamos haciendo ciudad y eso es lo verdaderamente importante; lo demás solo son urgencias. Urgencias de alguien que al fin y al cabo le importa un bledo la ciudad. ¡Ay Caracas! Cómo estás llena de tantas urgencias y; sin darnos cuenta, olvidamos las cosas importantes, las que nos importan a todos, a nosotros, a los ciudadanos, a los que vivimos aquí…

En una oportunidad, en el año 2006, le pedí a un grupo de estudiantes de diseño 10 de arquitectura USB hacer un ejercicio que denominamos «Contar la Ciudad«, en el cual tenían que salir a las calles a entrevistar a la gente, al caraqueño común y corriente y contarnos de vuelta ¿Qué les contó la ciudad?. Así que; con su aprobación (hoy mis colegas) les traigo parte de ese ejercicio como preámbulo a la presentación.

Video realizado por Daniela Goicoechea, Martha Lluch y José Bethencourt. Parte I ¿Por qué no se van?

Colas, tráfico, colas, desastre, delincuencia, infierno… Variaciones de esas mismas quejas estamos cansados de escuchar, y no sin razón. Caracas, la ciudad que olvidó las cosas importantes. Aquí estamos hoy y de aquí debemos partir.

En aquel encuentro en la Sala Mendoza, me tocó desarrollar el tema de «La ciudad al margen». Rodeada de expertos en la materia comencé mi intervención cuestionando hasta el título: ¿Ciudad al margen? Es la primera idea que debemos cambiar, la primera imagen que debemos borrar de nuestro sistema operativo si queremos repensar nuestra ciudad. No existe una ciudad al margen y una ciudad verdadera, no son dos ciudades; Caracas, es una sola ciudad; es una ciudad de punta a punta, independientemente de cómo se desarrollaron sus partes, con qué herramientas se construyeron y de quienes las habitan, todas son partes de una misma ciudad; ó es que acaso aquellos barrios emplazados en las laderas de las quebradas, en pleno valle central, Los Anaucos, Chapellín, Bello Campo; sólo por nombrar algunos, ¿son también parte de la ciudad al margen?; entonces la ciudad al margen no tiene que ver tipología o nivel económico o clase social o planificación. ¡No!, la ciudad al margen tiene que ver con distancia, y distancia tiene que ver con accesibilidad; a la salud, a la educación, a la cultura, al deporte, a la recreación, al espacio público y, por sobre todo, a la construcción de ciudadanía.

En fin, si el margen tiene que ver con distancia, y distancia tiene que ver con accesibilidad; y a su vez, la accesibilidad depende de la movilidad, entonces ese margen se ubica al extremo que el desarrollo de la movilidad nos pueda llevar. Es así que el margen se hace móvil y se desdibuja, por lo tanto desaparece. Entonces si no hay margen, tampoco hay ciudad al margen; somos una sola ciudad, y los interesados en el tema somos los primeros que debemos estar claros para poder ver la ciudad como un todo, poder imaginarla, pensarla y soñarla, como una sola. CARACAS es UNA SOLA CIUDAD; de hecho lo sabemos y para efectos prácticos ya le pusimos nombre, la llamamos: La Gran Caracas. Esa ciudad que; de este o oeste, va desde Güatire hasta el Junquito, que incorpora al estado Vargas al norte y a los Altos Mirandinos y a los Valles del Tuy al sur como un todo conurbado, una sola ciudad. La Gran Caracas. UNA CIUDAD.

Todos conocemos como centro y como origen al centro histórico de la ciudad, igualmente sabemos que el centro de la ciudad se ha desplazado hacia el este; pasando de la plaza Bolívar, a la plaza Venezuela, a la plaza Chacaíto, a la plaza Altamira, y seguirá inevitablemente desplazándose con el tiempo y su crecimiento indetenible, creando en el valle central, plano y longitudinal, una secuencia de enclaves urbanos, de centros urbanos que si los miramos en su conjunto, definen a Caracas como una ciudad Policéntrica, una ciudad de multiplicidades. Estos enclaves urbanos, estos múltiples centros están todos relacionados, están todos concatenados; por lo tanto, todos ellos juntos, su conjunto es un sistema con entidad propia; que se consolida como el nuevo centro de la ciudad; así el valle central, plano y longitudinal que descansa a los pies del Ávila majestuoso es ahora el centro de la Gran Caracas: desde el Boulevard de Catia a la Redoma de Petare, desde la zona plana en la rivera sur del Güaire hasta la cota mil en las faldas del Ávila. La Gran Caracas: UNA CIUDAD; el valle central, plano y longitudinal: SU CENTRO.

En muchas ocasiones he escuchado decir que Caracas es una ciudad que está terminada, sólo requiere pequeñas intervenciones urbanas a problemas puntuales y enriquecer su paisaje (cito a William Niño Araque); ¡Qué distante me encuentro a esta afirmación!, Caracas, no sólo, apenas comienza; lo único que hemos hecho es cubrir el valle con un primer layer, una primera capa, algo así como un primer tapiz, son los primeros hilos de ese tapiz, los primeros trazos de la verdadera ciudad que Caracas puede y debe ser.

Ortofotomapa de Caracas, vista aérea. Blanco y negro. Fecha estimada: final del siglo XX.

Para desarrollar un poco más esta idea me voy a ir atrás en el tiempo. Solo a mediados del siglo pasado apenas se construía la ciudad universitaria, existían ya la Candelaria, San Bernardino; anteriormente el camino real de Sabana Grande, Chacao era un pueblo en las afueras; los Chorros, más en la afueras todavía, para el veraneo; Petare, Baruta y El Hatillo para la pernocta, eran la referencia en el paisaje, la distancia a alcanzar; entre ellos y cubriendo el vasto valle, las haciendas enmarcadas por las quebradas que bajaban del Ávila en busca del Güaire para drenar sus aguas. Una a una esas haciendas cambiaron sus sembradíos por el desarrollo pujante del momento que todo lo envolvía; la economía se fortalecía descansando en el desarrollo petrolero, nos hicimos modernos, estuvimos en la avanzada, nos creímos ricos y nos compramos el último grito de la moda; lo importamos, y con ese modelo vestimos casi todo el valle central, plano y longitudinal de Caracas; sin reflexionar, éramos como el ta’ barato del urbanismo y malgastamos el espacio.

Caracas, 1567, 1874 y vista aérea. Fecha estimada: final del siglo 20.

Era lo que se usaba, lo que se llevaba; ese modelo era la última moda; ese que llamaban «el sueño americano», el de la casita aislada, con su jardincito privado, con uno a más carros estacionados en la entrada y la cocinita empotrada, ese fue el trajecito que nos compramos; y lo usamos, y lo usamos y lo usamos para casi todo; hasta que no dió para más; se nos salieron los rollitos por fuera y ni los vimos, crecimos y no nos importaba, y ahí seguimos con nuestro trajecito; y seguimos creciendo hasta que se rompió; ahora tenemos el tejido roto; el urbano y el social están raídos también, no nos dimos cuenta que ese trajecito de primera comunión lo podíamos parapetear para los quince años pero para la boda ya no dió…

Plano fundacional 1567, Plano población de Caracas 1950 y Plano Regulador de Caracas, 1951

Fueron treinta años de construcción desenfrenada, casitas, casitas, casitas y por lo tanto, calles, calles y más calles, ¡claro! eran necesarias para tanto carro, carro y carro. Era el modelo, lo estábamos haciendo bien, pero la realidad es terca y termina por imponerse. Y mientras pretenciosamente nos apoderamos del valle, nuestros barrios se fueron formando, fueron creciendo y se consolidaron. Era un goteo constante, bloque a bloque, poco a poco, silenciosamente, pacientemente, todos los días bajando al valle a trabajar y regresando a sus pequeñas casas construidas a juro, apiladas, amontonadas, hacinadas en nuestros cerros. Y siguieron, día a día, lluvia a lluvia; hasta que así llegamos a los últimos veinte años del siglo XX; años difíciles, años de crisis económicas y financieras, de inflación, ya no pudimos ir tan rápido, la construcción se hizo lerda, en ocasiones se detuvo, estábamos devaluados, se nos empezaba a mover el piso, se nos caía el modelo y seguimos insistiendo. Nos fuimos heroicamente a las colinas del sur, la topografía no nos detuvo; era un reto, fueron veinte años en los que el valle central estaba ya tapizado pero en pausa, las colinas y los cerros se superpoblaron, no importaba la clase social o el nivel económico, se superpoblaron por igual. Sólo como ejercicio, la próxima vez que pasen por los Samanes y vean el barrio Las Minas al lado, hagan un ejercicio de cálculo de densidad en ambos sectores y verán que no distan demasiado, en lo que sí difieren es en la tipología urbana y los métodos constructivos, de resto sus densidades se aproximan; además, tienen el mismo problema de accesibilidad, por lo tanto, ambos sectores están excluidos de la ciudad, ambos viven al margen de la ciudad, ambos son la ciudad al margen, y éste no es el único caso en la ciudad, son varios, son demasiados.

Plano Fundacional, Plano Regulador de Caracas, 1951 y Plano Población de Caracas 1983

Llegamos así al nuevo siglo, después de al menos cincuenta años de errores urbanos y aberraciones pretenciosas, tropezando con la ciudad que tenemos hoy, imposible, odiada, desesperanzada, agresiva. Una ciudad donde la mayoría de sus habitantes no vive en ella; una ciudad que durante el día es un gran distribuidor de tránsito y de noche se queda sola; una ciudad donde sus habitantes bajan a trabajar y huyen para descansar; una ciudad que tienen sus máximas densidades en los peores y más inaccesibles terrenos y sus mínimas densidades en los terrenos mejor ubicados, en los terrenos planos, en su valle central; una ciudad de edificios aislados y de ciudadanos aislados; una ciudad deshabitada y abandonada donde el miedo se asoma, los muros crecen y los carros se blindan; una ciudad donde la soledad y la inseguridad se confunden y el río se revuelve. En fin; la Caracas que hoy tenemos, es una ciudad de exclusiones sin distingo; una ciudad que tiene sus densidades invertidas, es una ciudad invertida, es una ciudad patas pa’ arriba.

Una ciudad cuyo crecimiento urbano se hubiera mantenido paralelo al crecimiento de su población, sería una ciudad cuyas densidades máximas estarían en su centro más compacto y las mínimas en sus afueras más dispersas. Si hacemos un ejercicio de cuantificación: población según ubicación, el resultado sería una curva muy alta en su centro que tendería a cero a medida que la ciudad se diluye en los suburbios de su periferia.

En Caracas; si hacemos el mismo ejercicio, nos daría el resultado contrario: una curva aproximada a una parábola invertida, donde sus extremos serían los más altos porque alojan la mayor población y su centro sería muy chato dibujando la huída. La Caracas de hoy tiene sus densidades invertidas; y puedo agregar que éstas no son estáticas, crecen día a día, los extremos se pueblan cada vez más y su centro se deshabita; este desequilibrio crea una tensión semejante a la de una goma elástica, que al tomarla por los extremos y tirar de ellos, hace que su centro se vuelva cada vez más delgado, más débil y más frágil. Impredeciblemente; ojalá sólo reportemos la goma.

Esquema gráfico de densidades invertidas sobre ortofotomapa de Caracas

Varias iniciativas se han emprendido en el tiempo en busca de soluciones: los programas de rehabilitación de barrios; por ejemplo, fueron recibidos con entusiasmo y cumplieron una función necesaria como válvula de escape a una presión contenida; un paliativo necesario pero no suficiente. Los barrios son sólo una parte de la ciudad; por lo tanto, son sólo una parte del problema; sin una visión unitaria de la ciudad no es posible llegar a la raíz del problema; mucho menos a una solución.

Otra iniciativa fue: las ciudades satélites o ciudades dormitorios. Un exilio forzado, una diáspora, la ciudad que reconoce que no puede crecer junto a su población, y busca la solución fuera de sí. Más y peor exclusión; otra forma de ignorar el fondo del problema y conformarse con el trapito caliente; pero por allá, bien lejos, en otro lado. Lamentablemente estas trilladas ciudadelas regresaron al discurso político en estos días adornadas como la panacea, siendo quizás su verdadera intención dispersar a la población en diminutos poblados más manejables, más controlables o; a lo mejor, más dominables…

Video realizado por Daniela Goicoechea, Martha Lluch y José Bethencourt. Parte II ¿El video se puede girar?

Otra opción menos explorada por nosotros es el ensanche. La definición exacta de ensanche es: dilatación. En nuestro campo; el diccionario define ensanche como: «Terreno donde se crean nuevos barrios en la afueras de una población». Un ensanche es un crecimiento anexo, al lado. Un ensanche se adapta, se amolda a la ciudad que lo genera y; en un principio, la parasita. Un ensanche, comparativamente a la ciudad dormitorio, no utiliza la exclusión como herramienta y con el tiempo produce una fusión tal que los límites entre la ciudad y el ensanche se funden y desaparecen.

Ensanche en su forma verbal «ensanchar» es: «extender, hacer más ancha, ensanchar una población». ¿Será que tenemos que ensanchar a Caracas? Fuerte Tiuna sería el ejemplo más apropiado para un ensanche, más que apropiado sería justo, simplemente; necesario diría, aunque aún así no sería suficiente.

¿Será que tenemos que hacer más ancha a Caracas? Lo accidentado de la topografía lo dificulta, el desarrollo del sur-este lo demuestra. La inaccesibilidad se perpetuaría y la exclusión se convertiría en la nueva forma de vida.

En Caracas no quedan terrenos libre; dicen, Caracas está terminada, el valle está copado, ni un huequito queda, nada se pueda hacer; a lo mejor son las hojas de los árboles las que no nos permiten ver el bosque.

Sí podríamos hacer un ensanche en Caracas, pero no en las afueras. Podríamos hacer un ensanche aquí mismo, aquí dentro y desde adentro, un ensanche entre y sobre, un ensanche en el valle central, plano y longitudinal, un ensanche en el nuevo centro.

A esta propuesta la he denominado Insanche; y sería como un sistema de vasos comunicantes que permitiría revertir el proceso de las densidades invertidas, bajando la presión en las afueras y habitando de nuevo el centro; sería como un mecanismo para equilibrar los pesos en la balanza de las densidades y sus tensiones relativas.

El Insanche; estoy consciente, es un cambio de paradigmas, es una ruptura de esquemas, es un cambio de modelo; es una manera distinta de aproximarnos al problemas y a sus soluciones.

En el Insanche es un llamado a volver al centro, a habitar la ciudad, a usar la ciudad, a caminarla, a disfrutarla, a vivirla; pero también es una invitación: a pensarla, a imaginarla y a soñarla.

El Insanche reposa en la inclusión de todos por igual y para ello apela al modelo de ciudad compacta; más eficiente en capacidad, en distribución de servicios, en accesibilidad, en transporte público y en espacio público; donde el peatón tenga la prioridad sobre el vehículo y las calles sean para la gente; donde los usos se aproximen o se mezclen; donde las distancias se acorten y los desplazamientos disminuyan; donde salgamos del aislamiento.

El Insanche es sólo una agenda; muchas veces oculta, un tabú difícil de destapar; pero esa misma agenda es abierta en otras latitudes, donde sus ciudades han regresado de eras muy sórdidas y muy oscuras y se han incorporado a la competencia mundial por despertar el interés de todos.

Ortofotomapa de Caracas, vista aérea a color

El Insanche es:

Una visión compartida de la ciudad:

  • basada en la densificación y en la intensificación urbana,
  • Soportada en el Transporte público masivo como sistema de movilidad y
  • Estructurada en el espacio público como sistema de ordenamiento

El Insanche es:

Un nuevo proceso de metropolitanización de la ciudad; organizado, coordinado y programado a partir de una imagen objetivo predefinida; que requiere de:

  • Acuerdo colectivo
  • Asesoría técnica
  • Voluntad política

que debe ser realizado por todos y para todos; con el objetivo de devolverle a Caracas su fortaleza como centro de intercambios en el continente y su esplendor como nuestra ciudad capital.

Por todo lo anterior, para Caracas, el Insanche es un tema capital.

Video realizado por Daniela Goicoechea, Martha Lluch y José Bethencourt. Parte III Caracas es chévere.

Este texto lo presenté nuevamente en el 2011, como un homenaje al muy querido arquitecto William Niño Araque, en el evento organizado por la Librería Kalathos denominado «Entorno» .

Esperando que les haya gustado y que cualquier cuestionamiento o comentario es más que bienvenido, el gusto será todo mío. Sin más que agregar por los momentos, me despido como siempre: hasta la próxima entrada, con un fuerte abrazo y mi deseo de paz para todos.

¡Paz!