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Pequeña fábula ilustrada

Estaba el año por terminar cuando la carrera volvió a comenzar. Por un lado, los unos ofrecieron comunas envueltas en patria. Por el otro, sin cortapisas y de frente, los otros ofrecieron, con progreso y futuro, ciudades para la gente.

A lo lejos, un rumor se comenzaba a escuchar. Poco a poco las ciudades se encontraron y volvieron a conversar. El mensaje viajaba de una a otra animándolas a soñar. Perdieron el miedo y sin pudor se crecieron, se alegraron y rieron. La esperanza salió de su guarida y la tendencia se hacía más irreversible cada día.

Las aldeas y los caseríos soñaron con ser pueblos, los pueblos con ser ciudades, las ciudades con ser metrópolis y la metrópolis con ser megalópolis del mundo entero.

Fotografía de Kyle Thompson

La emoción dejó de ser un secreto y tanto fue el bullicio que reverberaba en los oídos que sin aviso, el silencio apareció como mandato. ¡A callar!. Las ciudades deben callar, no deben seguir hablando y el mensaje no debe llegar. Los “miguelitos” aparecieron cerrando vías, canales y medios. Sólo un poco más el internet permanecería. Una hora a la semana, los martes al mediodía. En ocasiones, sin razón alguna, también se caía.

Nada parecía parar lo que venía mientras se desvanecían los esfuerzos por detener el futuro.

Sin vergüenza, invocaron la ayuda del más allá e imploraron la de algunos de más acá. Exaltaron mitos, lealtades y patriotismos, inventaron súper héroes  y habilitaron espantos.

Finalmente, atrapados por la inminencia planificaron a la siniestra una jugada perfecta.

¿Qué es lo que quieren?

¡¿Progreso?!

Pues denles progreso, denles el último modelo de cuanto coroto y electrodoméstico de marca exista en el país. Denles un poco de la comodidad y el confort del gran sueño americano; que se vacíen los anaqueles, prométanles carros, ¡lo que sea!. Pero eso sí: ordenadamente, disciplinadamente, subordinadamente y atentos a la voz de mando y la línea verde-oliva. Sin saqueos, dijo.

Y así fue como al llegar a la meta, a “precios justos” y en oferta por 9 días…

Fotografía de Kevin Corrado

…la comuna se apoderó del lugar de la ciudad que todos querían.

(Por ahora…)

Nota: Las fotografías utilizadas en este post fueron seleccionadas por su excelente calidad fotográfica y narrativa. Su publicación es absolutamente libre de fines de lucro. Si su autor desea que las baje, sólo debe comunicarse conmigo. Gracias de antemano.

Llegando a Delhi

Era 4 de enero de 1.995, tres años habían pasado de aquel amanecer del golpe. La arquitectura llenaba nuestros días y nuestras noches; Corbu, siempre presente, esta vez nos convocaba. La cita: Chandigarh, en Punjab, India, norte adentro, la ciudad importada, inconclusa y partida; esa otra modernidad. No nos fue posible llegar a India sin escalas en el camino.

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Llegamos a Frankfurt para seguir viaje al día siguiente. No quería ir a Frankfurt, la evitaba, pero el deseo de ir a India fue más fuerte. Frankfurt me convenció, estaba equivocada; ya en el aeropuerto tomamos el metro hasta el centro de la ciudad y aquello me impresionó: ¡qué bueno sería llegar a Maiquetía y tomar un tren hasta la plaza Bolívar! Ni pensarlo, ¿para qué? si tenemos unas autopistas buenísimas, modernísimas y sólidas, de concreto puro, la gasolina es casi regalada y es más chic andar en carro; tampoco nos visita tanta gente…

El vagón del metro para llegar al centro de Frankfurt tenía los asientos tapizados en tela. Con esa manía que tengo de tocarlo todo, no podía dejar de acariciarlos, eran de una tela suave, aterciopelada, alegre, de tonos azules y turquesas; estaba entera, impecable, limpia, cuidada. A nadie se le ocurriría dañar algo que sabe propio; soñé que algún día los asientos del metro en mi ciudad también fuesen de tela…

Caminamos sin parar, teníamos que recorrerlo todo en un día, teníamos que conocerlo todo; nos llegó la noche y aún faltaban calles por caminar; a pesar del frío, había mucha gente en la calle, gente paseando, gente trotando, gente cenando, gente bebiendo, gente conversando, gente mirando, gente y más gente, bullicio y vida; la vida continuaba en la noche, había luz, mucha luz; luces exteriores y luces interiores, luz pública y luz privada, todas sumando para alumbrar la vida en aquella ciudad que no quería conocer. No la olvidaré.

Aunque algo pudimos descansar, amanecimos; ahora sí: tras otras ocho horas en el aire, Delhi. Viajando a oriente oscurece más rápido, la noche se hizo pronto; recuerdo que en el avión había unos monitores en los que un mapa nos indicaba dónde estábamos, vimos cruzar fronteras y vimos ciudades, pueblos y aldeas, se distinguían por sus luces, vimos también costas y carreteras. El mapa de los monitores era idéntico al de los libros de geografía, todo a color; el mapa en la ventanilla era distinto, sólo blancos y negros, sólo tonos; algo no coincidía.

Ir a India me producía una ansiedad inexplicable, no pude pegar los ojos ni un instante; veía el mapa y volvía a la ventanilla. Por el mapa vi que estábamos sobre esa tierra a la que tanto deseaba llegar; el mapa también daba la hora local; era ya otro día, pasamos la medianoche y estaba muy oscuro; la cantidad de lucecitas allá abajo era mucho menor, eran diferentes, dispersas, aisladas, todo estaba oscuro y solo. Pensé: estamos sobre tierra, esto no es mar. Asia no se parecía a Europa, no se distinguía, todo estaba oscuro. De repente mi estómago me dijo que habíamos comenzado a bajar ¡Sí! Así parece; bajábamos suavemente, casi imperceptiblemente, pero estaba segura, estábamos bajando; lento, muy lento, poco a poco, afuera seguía oscuro, muy oscuro, apenas una luz amarillenta de vez en cuando, sola, nada se veía, todo negro; bajábamos y bajábamos. Por mucho tiempo estuvimos bajando. Pensé que así debe ser la noche sobre La Pampa argentina: vasta, quieta, oscura; seguimos bajando y aún nada se veía, ya no hay luces dispersas. Comencé a inquietarme, todo era muy raro, desconocido, era como ir a ciegas, a tientas, con los ojos vendados; suspendidos. Habíamos bajado demasiado y aún sin ver nada, sin despegarme de la ventanilla esperando encontrar una luz, una mínima luz, una diminuta luz que me permitiera calcular a qué distancia estábamos del suelo, una luz que nos acompañara, una luz que nos guiara; según mis cálculos deberíamos estar rozando las copas de los árboles, mi estómago reclamaba, se retorcía, tiritaba. Escuchamos la voz de abrocharse los cinturones para el aterrizaje; pero ¿dónde? no veo nada, no hay luces ahí afuera, estamos en medio de la nada…

En 1991 vino la quiebra del Estado indio; en enero de 1995, ésta fue la India que nos encontramos, detenida, fracturada, rota, pobre y oscura, muy oscura. En ese extraño aterrizaje, con el estómago hecho un nudo, comprendí que ese mapa en blanco y negro que se dibujaba en la ventanilla y que se desdibujaba a medida que nos acercábamos a tierra era el mapa de un estrepitoso fracaso, el mapa de un país parado en seco; el mapa de la soledad y de una sociedad que estaba pasando hambre y frío, de un país a oscuras, una nación sin luz y sin vida.0309afpsinluz998-2

El 3 de septiembre de 2.013 fue un día triste en mi ciudad; a la 1:30 de la tarde todo se apagó de golpe y aunque el sol atenuaba la oscuridad nadie comprendía, nadie sabía. Todos deambulaban, solos, apagados, mudos, asustados, rehuyéndote a tí Caracas; a tí porque esta vez, con el mismo vértigo de aquella madrugada, te sentimos llegando a Delhi…0309efesinluz998

Estuvimos 21 días recorriendo India; aunque estaba comenzando a salirde su más difícil crisis económica, es un país extraordinario, de una belleza única que transmite una energía muy especial; en esta entrada realmente nada te he contado de él, te prometo que vendrán muchas historias, porque ciertamente es imposible visitarlo y salir ileso.

Hasta la próxima.

La foto superior (Sin Luz) es de la agencia AFP; la inferior (Venezuela)es de la agencia EFE.
Para saber más de este día oscuro en Caracas, te dejo unos enlaces: Registro Fotográfico del apagón  Cómo lo vivió la gente  Pre-mundial apagado
 

El brillo de la humanidad

Desde la distancia, La Tierra, nuestro planeta, ése punto azul pálido como lo bautizó Carl Sagan, sólo es apreciable en la vastedad del universo, si está bañado por un rayo de luz..

En diciembre del año pasado, la Nasa hizo pública esta interesantísima fotografía de la Tierra de noche. Realmente no es una fotografía, es físicamente imposible, es una composición digital a partir de la sumatoria de muchas fotografías satelitales tomadas todas en noches sin nubes.

Cuando oscurece, la Tierra se oculta en su propia sombra y la Nasa, creyendo que fotografiaba a la Tierra, no se dió cuenta que, por primera vez en la historia, había fotografiado a la humanidad; a toda la humanidad y nos demostró que la humanidad brilla con luz propia…

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Si te interesa más información sobre la foto, este es el enlace: http://www.nasa.gov/mission_pages/NPP/news/earth-at-night.html#.UhwZcRbvwy4